Los tsukumogami de la casa Haibo

NOVEL · SECTION 01 OF 01 · Español

Los tsukumogami de la casa Haibo — Section 1

Capítulo uno: Lily y sus alegres compañeros Y, sin embargo, las cosas importantes siempre desaparecen por su cuenta, hacia algún lugar que nadie conoce. —————— Finales de marzo. El aire estaba limpio, perfumado de flores y hierba verde. La ciudad, siempre saturada de asfalto y edificios

Read full book on one page (1 sections) ↗

THE READING ROOM

Text in Español

Contents · 1 sectionsSection 1

01 / 01

Section 1

## Capítulo 1. Lily y sus alegres compañeros

Revisión: @ttsupori Pero las cosas importantes desaparecen por su cuenta, sin que nadie sepa adónde van. ------ A finales de marzo el aire estaba limpio y olía a flores y a hierba verde. Seguramente porque había vivido siempre en una ciudad saturada de asfalto y de edificios, ahora el aire le parecía aún más fresco. En el aliento de la primavera se mezclaba también un olor a mar. Era una sensación propia de aquella tierra. Sin darse cuenta aspiró hondo, pero en cuanto se percató soltó el aire de golpe. Aquel no era momento para respirar con calma. Entró por la puerta abierta con la bolsa de deporte en brazos y la dejó en el suelo. «¿Ya está todo?» Yoshihide, el tío que había ayudado a traer las cajas de cartón, lo comprobó echando un vistazo al equipaje amontonado junto a la entrada. «Sí. Ya está todo aquí.» Daichi asintió con énfasis. Él mismo pensaba que no había mucho equipaje, aunque tampoco era que cuanto más hubiera, mejor. Había una bolsa de deporte, dos cajas de cartón y varias bolsas de papel: ropa para una semana, utensilios de uso diario, el material escolar que necesitaría en abril y el uniforme del instituto. En las bolsas de papel había comida fácil de conservar, como curry en polvo y fideos de vaso. Fuera, junto a la puerta, había una bicicleta. A diferencia de la ciudad donde había vivido siempre, allí hasta el konbini quedaba lejos, así que la bicicleta era imprescindible. Los muebles y los utensilios de cocina también deberían estar listos. No había problema. Si faltaba algo, ya lo compraría cuando lo descubriera…

## Capítulo 2. La ceremonia de ingreso

Aquel día era el aniversario de boda de sus padres. Los dos pensaban ir al cine y dejar a Daichi un rato al cuidado de la casa de Yoshihide. Por entonces las dos familias aún se llevaban bien. La tía Misako recibía a Daichi con una sonrisa, y cuando llegaba el aniversario de Yoshihide y Misako dejaban a la prima un tiempo en casa de Daichi. El padre, Wataru, no tenía hermanos, y cuando nació Daichi los abuelos ya habían muerto hacía tiempo, así que para él los únicos parientes eran el hermano menor de su madre y su familia. «Daichi, ¿quieres venir al cine?» El padre se lo preguntó antes de salir. Daichi no asintió, y no fue por consideración hacia el ánimo de sus padres ni nada parecido. «¿Es la película de Pokémon?» «No. Es una de persecuciones, extranjera. Los coches están muy chulos.» «Eeeh… No me apetece. No voy.» Daichi contestó con mal gesto. El padre sonrió con amargura, le dio un codazo y le dijo que era un crío. Al oírlo, Daichi se emperró aún más: no quería ir y punto. En aquella época Daichi era un niño corriente, un poco engreído como los demás. En cuanto al cine, solo le interesaban los tokusatsu de héroes y las versiones para salas de los dibujos infantiles. Y, sobre todo, ir a la piscina o a un parque de atracciones con la familia de Yoshihide le atraía mucho más que ver una película de la que no sabía nada. Aquel día Yoshihide se llevó también a Daichi al zoo. Jugó todo lo que quiso con su prima, probó a montar a caballo en la plaza de contacto con los animales y ya había perdido la cuenta de las fotos. Cuando oscureció volvieron en coche, y la prima, agotada, se quedó dormida en el asiento…

## Capítulo 3. El perfumista de los recuerdos

El primer domingo después de la ceremonia de ingreso. Desde que empezó abril el tiempo se había mantenido despejado, y aquel día también hacía sol y calor. Ese día Daichi reunió a los tsukumogami en la sala de estar para la comprobación final. «Así que, por favor, queda poco para la hora acordada: guardaos silencio y estad preparados. Sobre todo Akitsu y Tamakaze: parece que vosotras sois el objetivo de esta vez.» «Entendido. Déjamelo a mí.» Akitsu se golpeó el pecho y contestó con brío. No parecía haberse arrepentido en absoluto de ser ella la causa de cómo habían llegado a aquella situación. Cuando Daichi le dijo que había quien la llamaba zashiki-warashi, ella se rio a carcajadas: «Yo no tengo ningún poder para traer buena suerte». (*Nota: según la leyenda popular, el zashiki-warashi trae fortuna a quien lo ve, y las casas donde habita prosperan. También hay creencias que lo asemejan a un dios de la fortuna, un espíritu guardián que rige el auge y la decadencia del hogar.) No debería haber problema, pero su actitud era tan ligera que Daichi se sintió un poco inquieto. Los tsukumogami no parecían tener ningún sentido del peligro y solo escuchaban a medias lo que él decía. «Tranquilo, Daichi. Antes, cuando no podías vernos, te sacábamos la lengua y poníamos caras raras delante de ti y tampoco te dabas cuenta, ¿verdad?» «¿También habéis hecho eso?» «No, no lo hemos hecho. Era solo un ejemplo.» Aoba apartó la mirada al contestar, y Daichi entornó los ojos y lo miró fijamente. En ese momento sonó el timbre. «Parece que ya están. ¡Rompan filas!» A la orden de Daichi, las figuras de los tsukumogami desaparecieron y volvieron cada una a su «cuerpo»…

## Capítulo 4. El caballo de madera que vuela

Cuando bajó del pequeño autobús azul, el sol ya declinaba y el cielo estaba teñido de rojo. Desde la estación se veía el acantilado con el cementerio en lo alto. La casa de Daichi estaba justo debajo; bajando la cuesta se llegaba enseguida. Pero Daichi caminaba despacio. Le daría vergüenza que los tsukumogami vieran sus ojos hinchados de llorar. Lily ajustaba el paso al suyo. Decía ser la hermana mayor de Daichi, así que para ella aquello debía de ser lo natural. Si los tsukumogami de casa veían su cara hinchada de llorar, ¿qué dirían? Seguramente no se reirían, pero sin duda se preocuparían. ¿Qué debía hacer? Mientras Daichi pensaba en eso, soltó un «ah» al darse cuenta. Ya había aceptado por completo a los tsukumogami de casa, y daba por hecho que lo estarían esperando cuando volviera. Y eso que antes decía que le daba igual si seguían en casa o se iban a otra parte. Ahora, si al abrir la puerta de la entrada no oyera un «bienvenido a casa», ¿qué pasaría? Al imaginarlo sintió como si una vela le quemara por dentro, un dolor leve en el pecho. Hacía mucho que Daichi no sentía ese dolor; ya no estaba acostumbrado. Volvió a suspirar largamente. Había olvidado cómo manejar ese sentimiento. Y tampoco podía confiar del todo en lo que el Daichi de ahora era capaz de hacer. Con la cartera del instituto colgada del hombro, apretó sin querer la correa con los dedos. Siempre lo había sabido: en el fondo quería tender esas manos hacia otra persona. Pero no conseguía…

## Capítulo final

Que el mural del viejo edificio de la escuela primaria desapareciera de la noche a la mañana se convirtió en tema de conversación en el pueblo. Ya estaba muy deteriorado por el tiempo, y unos días de lluvia intensa acabaron de arrastrarlo. Eso decía todo el mundo. El asunto de la conservación del mural ya se había acordado, pero restaurarlo era imposible, así que el plan de preservación también se canceló. Junko Yasuda, la profesora de arte del instituto que había presentado la solicitud de conservación, se jubiló. Dijeron que era por circunstancias personales, pero los rumores coincidían en que el golpe había sido ver desaparecer el mural en el que había invertido tanta energía. Los trámites formales de la jubilación aún tardarían un tiempo, así que de momento estaba de excedencia y ya no iba al instituto. Pero Daichi lo sabía: la realidad era justo lo contrario de los rumores. Después de jubilarse, Yasuda visitó una vez la casa de los Hainami. Le pidió a una amiga de la época de estudiante que la acompañara a Estados Unidos: quería volver a estudiar pintura. El rostro de Yasuda estaba luminoso, como el de una joven llena de vitalidad a punto de empezar una vida nueva. Al final hizo una profunda reverencia y se marchó. Al verla irse, hasta el ánimo de Daichi se contagió y se le aligeró. Dejó como recuerdo unos madeleines; Akitsu y Tamakaze se los comieron todos con cara de satisfacción. Bastaba con entender que hasta los tsukumogami la habían perdonado. El instituto andaba buscando con bastante esfuerzo a quien sustituyera a la profesora de arte. Entre los alumnos, sobre todo los de primero, que acababan de ingresar, apenas se notó: la vida seguía tan tranquila como siempre. Comparado con eso…

## Epílogo

Encantada de conocerlos. Soy Honaki Awaji. A quienes hace tiempo que no veo: muchas gracias por su apoyo de siempre. Que esta obra forme parte del primer lote publicado tras el lanzamiento de la Fujimi L Bunko es para mí un gran honor. Quisiera presentarme un poco ante quienes me leen por primera vez: hasta ahora he escrito novelas ligeras en la Fujimi Fantasia Bunko. Cuando terminó la serie anterior no dejaba de pensar «¿qué escribo ahora?», pero en medio año me cambiaron dos veces de editor, y todo lo que se discutió en ese periodo acabó descartado. El editor que me lleva ahora es precisamente quien se encargaba en la Fantasia Bunko de «El poema lírico del dragón que protege las flores». Los responsables fueron cambiando uno tras otro, y al final tuve la sensación de haber vuelto al punto de partida. Estuve un tiempo hablando con este editor de la siguiente obra, que pensaba seguir publicando en la Fantasia Bunko, pero hacia la primavera de 2013 me dijo: «Estamos preparando una colección a medio camino entre la novela ligera y la novela general. Escribe algo para ella». Aunque me lo pidiera así, los borradores que podía presentar de inmediato estaban pensados como novelas ligeras, la nueva colección aún no existía y yo no tenía ni idea de qué tono tendría. Así que convertí directamente en novela el borrador que tenía entonces entre manos. El resultado fue: «Pues que se llame L Bunko». Menos mal. Todavía no he acabado de entender hacia dónde apunta la L Bunko, pero, como siempre, terminé este libro pasándolo muy bien…

More stories from the bookshelf

Browse all novels ↗