Polyphonica: Concierto de matices extraños

NOVEL · SECTION 01 OF 01 · Español

Polyphonica: Concierto de matices extraños — Section 1

# Polyphonica: Concierto de matices extraños ## Ilustraciones > https://www.bilinovel.com/novel/1653/113435.html ![](https://img3.readpai.com/1/1653/113435/13983.jpg) ![](https://img3.readpai.com/1/1653/113435/13984.jpg) ![](https://img3.readpai.com/1/1653/113435/……

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Section 1

## Ilustraciones

## Cuando el tiempo se desvanece (Makoto Sanda)

Cuando el tiempo se desvanece (Makoto Sanda) *(Ilustración 003) El motivo por el que Saeki Lambert había llegado a aquel bar no tenía nada de extraordinario. En una sola frase: estaba de mal humor. Como se sentía abatido, tampoco le apetecía ir a un bar corriente; pensó que daría un paseo sin rumbo, acabó por aquellos alrededores y, por casualidad, eligió aquel local. Nada más que eso. (El director no tenía por qué disculparse.) Al pensar en Tsuge Yufenli, una figura que incluso en la Academia de Cantos Divinos de Torbas se contaba entre las primeras, Lambert no pudo evitar tragar el whisky a grandes sorbos. Aunque de ordinario no le gustaba tanto beber, aguantaba mucho, y todos decían que su resistencia no tenía fondo. De hecho, el propio Lambert también creía que, al verse a sí mismo contemplando cómo los demás caían ebrios uno tras otro, su capacidad para el alcohol era de verdad superior. (Por donde se mire, quien fracasó tendría que haber sido yo.) Mientras vaciaba el whisky, se mordía el labio. Lo que no dejaba de dar vueltas en su cabeza era el encargo que la oficina Tsuge había recibido unos días antes. El encargo en sí era un traslado de edificio de lo más sencillo. Al excavar los cimientos para construir un rascacielos, se habían descubierto unas ruinas subterráneas. Como ya era imposible modificar el plan de obra y, por fortuna, las ruinas eran también de escala reducida, el promotor presentó una propuesta audaz: que los espíritus trasladaran aquellas ruinas. Aunque se tratara de unas ruinas pequeñas, no era un trabajo que pudiera llevar a cabo una sola oficina. Al final, la tarea pasó a realizarse entre varias oficinas, y la que envió la oficina Tsuge fue a Lambert. Poder manipular al mismo tiempo…

## Notas lejanas que no llegan al oído (Rapo Asai)

Notas lejanas que no llegan al oído (Rapo Asai) *(Ilustración 065) ¿Será esto, a fin de cuentas, una forma de felicidad? La música, las piezas, el encadenarse de las notas: ¿cuenta acaso como algo así? No lo sé. No puedo comprenderlo. Porque no puedo oír sonido alguno. Porque ningún sonido logra entrar en mis oídos. Soy fuerte, pero vacío, carente de sentido. No tengo nada. ◆ Entre edificios de piedra, avanzo por un pasadizo estrecho. Las pisadas quedan absorbidas por las suelas blandas de goma y por las losas húmedas. Detrás de mí arrastro un cajón con ruedas, pero el cajón tampoco emite sonido alguno. Las órdenes de Piat son siempre crueles, como si pusieran a prueba mi habilidad. El empleador, Piat, me dice de frente: Druloi, ¿quieres intentarlo? Pero si no le obedezco, la otra opción no es más que un callejón sin salida: la muerte. Sigo caminando, abro la boca y aspiro una bocanada de aire pesado. Los sonidos que el ser humano puede oír van de los 20 hercios a los 20 000 hercios; si se parten en octavas, el punto medio cae justo en los 640 hercios. La mitad de 640 hercios, unos 320 hercios, es la altura media de la voz femenina; la mitad de eso, 160 hercios, es la altura media de la voz masculina. El sonido más grave que el ser humano puede oír, 20 hercios, multiplicado por el más agudo, 20 000 hercios, da 400 000 hercios; y la raíz cuadrada de 400 000 equivale, poco más o menos, a 640 hercios. 640 hercios: casi el tono de resonancia natural del interior de la boca cuando el ser humano la abre. Al parecer, a los humanos les gusta bastante el sonido de esta frecuencia…

## Rapsodia del Oeste (Ona Kamino)

Rapsodia del Oeste (Ona Kamino) *(Ilustración 127) No queda constancia de cuándo ni dónde ocurrió esto. Solo que, sin duda alguna, sucedió en algún lugar de este mundo. Espero que cada cual imagine en su mente la época y el paisaje que le parezcan adecuados. Con eso basta. ¡Pues bien, que empiece esta historia tan antigua como nueva! Fragmento del prólogo de El arcoíris de Rimda, de Minestali Conway La mañana ya ha pasado; ahora es el momento en que el sol está en lo más alto. Dos raíles de hierro se tienden sobre la tierra pelada, de un pardo rojizo. Una máquina enorme escupe humo y hace girar con fuerza unas pesadas ruedas de metal; detrás arrastra varias cajas inmensas abiertas por muchas ventanas. Aquella velocidad resulta admirable: de la madrugada al crepúsculo puede mantenerse a la carrera de un caballo lanzado a toda potencia. La gente llama a este medio de transporte tren de vapor. Cuando el sol se inclina apenas desde la vertical, el tren de vapor que arrastra doce vagones llega a un lugar llamado estación. Las ruedas enormes se detienen poco a poco. El personal coloca a toda prisa unas escaleras y sube por ellas. A un lado se alza un depósito de agua gigantesco. Con cuerdas arrastran la manguera que sale del depósito, abren la portezuela situada sobre el tren y vierten dentro el agua necesaria para producir vapor, con un estruendo de chapoteo. Los pasajeros bajan uno tras otro de los vagones. Hay damas con vestidos de seda blanca que flotan ligeros, y caballeros con chaquetas y pantalones tan rectos que parecen cortados a regla, tocados con sombreros de copa que semejan tener un bloque de hierro metido dentro. Pero también hay jóvenes con monos de trabajo harapientos, y otros envueltos en polvo…

## Dan Sariel y el tigre de plata (Kohei Azano)

Dan Sariel y el tigre de plata (Kohei Azano) *(Ilustración) 1 Cuando la última nota se desvaneció por completo en el aire, en la sala de conciertos estalló un aplauso atronador. Se encendieron las luces del patio de butacas y la sala quedó envuelta en claridad. Muchos espectadores se levantaron de sus asientos y lanzaron hacia el escenario, sin escatimar, palabras de elogio. No eran solo humanos: las esferas que flotaban sobre el escenario como luciérnagas eran espíritus inferiores, los borei. La luz de sus cuerpos parpadeaba alegre, y expresaba con franqueza la dicha que les había dejado aquella interpretación. El hombre que estaba en el escenario bajó despacio el violín del hombro. Sonrió a los borei, luego alzó una mano hacia el público, se la llevó al pecho e hizo una reverencia. Tendría unos veinticinco o veintiséis años. Sus modales elegantes parecían los de una figura de un cuadro; era alto y esbelto, y el traje clásico de etiqueta le sentaba con gran presencia. El largo cabello plateado, peinado hacia atrás y recogido en un mechón, saltaba con sus movimientos como la cola de un perro de caza. El hombre levantó la cabeza y volvió a mirar hacia el patio de butacas. Quizá porque acababa de tocar con todas sus fuerzas, la respiración aún se le aceleraba un poco y el sudor de la frente le brillaba. Pero, bajo las gafas, los ojos desprendían un fulgor de satisfacción. Cuando aquel rostro de líneas finas esbozó una sonrisa orgullosa y un tanto tímida, del público brotaron gritos y vítores. El hombre se dejó bañar entero por la aclamación y, entre unos aplausos que no cesaban, se dirigió hacia el fondo del escenario. ☆ ¡Chas, chas, chas, chas! El camerino estaba lleno de ramos enviados por los admiradores. Dan Sariel, como…

## Epílogo

Epílogo de Makoto Sanda Hola a todos. Soy Makoto Sanda, el encargado de escribir el relato que abre Concierto heterogéneo del mundo de los cantos divinos. De paso: mi nombre no se lee Mita Makoto, sino Sanda Makoto. Perdón; es un nombre un poco engorroso. Continuación Debió de ser justo a finales del año pasado, ¿verdad? Cuando el maestro Sakaki me dijo: ¿te animarías a escribir un relato paralelo del mundo de los cantos divinos? Lo primero que me vino a la cabeza fue el personaje de Lambert. Quienes hayan leído la serie roja del mundo de los cantos divinos ya lo sabrán: Saeki Lambert es un personaje muy extraño. Siendo el genio que todos llevan en el corazón, él no reconoce su talento y solo se considera una imitación de genio. Sus angustias y sus alegrías están muy lejos de las del protagonista, Furon. Por eso, escribir una historia con él como protagonista fue para mí algo de lo más natural. Así, al parecer, se podía sacar a Lambert, que siempre se mantenía un paso atrás, atento a Furon y los demás. Y entonces, quizá, se pudiera ver desde otro ángulo a ese genio que se niega una y otra vez a mirarse de frente. Fue un trabajo muy grato. Cuando estaba a mitad de otra serie, sin darme cuenta empezaba antes a trazar el esquema de esta historia (todo el mundo tiende a escapar de la realidad). Fuga y Fertida nacieron también en esas circunstancias, y rindieron más de lo que yo había imaginado. Gracias al maestro Sakaki por darme la oportunidad de escribir este relato. Y si los lectores lo encuentran interesante, eso es lo que más alegra a un autor. Pues bien, nos vemos en otras histo…

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